En la pequeña localidad de Los Muermos, en el sur de Chile, era habitual recolectar por algunos artesanos un hongo conocido como “Oreja de Palo”. Este hongo que crece de forma paralela al suelo, adosado a ramas caídas o árboles del monte siempre verde característico de la zona. Generalmente, se encuentra más cerca de la parte inferior de troncos de árboles viejos o muertos. Se le conoce por ese nombre debido su forma particular. La principal característica es este hongo es su apariencia leñosa y semicircular de color café oscuro por arriba y blanco crema por la parte de abajo.
Lo peculiar de esta variedad de hongo es que se alimenta de madera. Puede alcanzar varios centímetros de diámetros y algunos ejemplares llegan a medir treinta centímetros o más. Las orejas de palos tienen una textura delicada, liviana pero consistente y su color blanco en su base se debe a que posee poros o pequeños tubitos. Esta característica permitía que se convirtiera en un lienzo natural para los artistas locales.
Por su puesto, eran algunos artistas del pueblo quienes solían buscar las mejores orejas de palo, recoger este hongo y llevarlas a sus casas, donde las transformaban en verdaderas obras de arte. Debido a que la oreja de palo tenia una superficie adecuada para recibir dibujos y escrituras los artistas podían plasmar sus creaciones sobre ellas. Lo asombros era que, una vez que el diseño estaba estampado en el lado blanco parecía quedar petrificado preservando la obra de arte para siempre. En algunos casos, incluso la reforzaban barnizándolas para protegerlas aún más.
Entre artistas que destacaron trabajando el arte de la oreja de palo, se encontraba Francisco conocido como Panchito Serón y otro artista conocido cariñosamente como “Gorrión” Ferreira, este último solía pintar cuadros, retratos y paisajes locales, pariente del jefe de estación de trenes de Los Muermos. Ambos eran figuras conocidas en la comunidad, dedicados en crear estas únicas piezas de arte que adornaban las viviendas del pueblo. Francisco, en particular, fue un pionero en su tiempo en un tipo de arte que hoy es más común: la creación de una pequeña casa en un árbol, en el jardín de su propia vivienda. Este logro destacaba su innovación y visión adelantada de su época, años atrás. Francisco, también se encargaba de elaborar los planos de nuevas edificaciones, casas o galpones que debían ser presentados en la dirección de obras municipal. Por cierto, él fue fundador del famoso pub “La Piojera” un acogedor y pequeño local, donde los amigos podían ir a beber unas copas, comer carnes en broquetas, distraerse un rato jugando a la brisca, al dominó y al famoso juego del dudo, con copas de cuero y seis dados por jugador. Además, el lugar ofrecía algo novedoso, un wurlitzer, aunque no fue el primero en el pueblo, recordado para las crónicas Muerminas (MR).