Una antigua veta de oro en Los Piques.
Don Manuel Ruiz Acuña, fue un hombre trabajador que se ganaba la vida como agricultor y buscador de oro en el sector rural de Los Muermos. Según contaba el mismo, en aquellos años, que solía explorar la veta de oro que se encontraba en un pequeño rio cordillerano del sector de Los Piques, donde extraía pequeñas pepitas que acumulaba con paciencia en un frasco grano a grano. El explicaba que, esas pepitas de oro eran luego vendidas en una joyería de una ciudad cercana, lo que le permitía obtener un ingreso adicional para su entorno familiar.
Según cuenta la historia, el recordado pirquinero muermino, don Manuel un día, después de vender una buena porción de oro en la ciudad cercana, llegó después a Los Muermos, para realizar sus compras mensuales de abarrotes en un negocio local. Tras completar la tarea decidió visitar un bar del pueblo para disfrutar de un merecido descanso y relajarse un rato, con unos buenos tragos. Sin embargo, la tarde se le fue de las manos y después de beber unas copas de más, don Manuel, se acercó al paradero de buses, en la misma calle, con una sonrisa y brillo en los ojos, comenzó a cantar con entusiasmo su canción preferida, un clásico mejicano, resonó en la calle y llamó la atención de los transeúntes. La letra de la canción muy peculiar decía así:
“Todas las mujeres dicen que los hombres son el diablo y luego andan diciendo que el diablo se las lleve”.
Mientras cantaba con entonación un tanto desafinado, don Manuel repetía su canción mexicana favorita con gran entusiasmo. Sin embargo, su alegría no duró mucho, ya que pronto llegaron los Carabineros. Los agentes policiales le pidieron que se calmara, explicándole que se lo llevarían detenido, al reten del pueblo, por estar en estado de ebriedad en la vía pública. Don Manuel algo desorientado por el alcohol, repetía su canción y argumentando que esperaba el bus para irse a su casa. Mientras la policía cumplía su deber, don Manuel, seguía cantando, aunque su situación no parecía tener remedio, justo en ese instante con un retraso inusual llegó el bus que lo llevaría de vuelta a su casa en Los Piques. Don Manuel, les explicaba su situación que ese era el bus que estaba esperando y que, si lo dejaban ir, prometía no seguir causando disturbio, con su famoso canto. Los Carabineros conmovidos por la situación y entendiendo la explicación de don Manuel decidieron dejarlo subir al bus que llegada con retraso. Gracias al horario alterado del bus, don Manuel, se salvó de pasar la noche en el calabozo, como el mismo lo dijo en ese momento.
Don Manuel se dirigió rápidamente al bus subió su caja con mercaderías, un quintal de harina y un saco de afrechillo, a la parrilla del vehículo, con una sonrisa en el rostro, se dispuso a regresar a su hogar. Listo para volver a su rutina diaria como agricultor y buscador de oro, don Manuel, un pirquinero de los Piques se alejaba del pueblo con la satisfacción de haber sorteado un pequeño obstáculo. Su historia se quedaba grabada en la memoria del pueblo, un relato más en la vida pasada y cotidiana de Los Muermos para las Crónicas Muerminas.