En octubre de 1978, una universidad holandesa contrató a un investigador de los Países Bajos, para dar inicio a un programa de mejoramiento genético del cultivo de patatas, en la localidad de Los Muermos en el sur de Chile. El investigador fue seleccionado para trabajar e identificar variedades de papas más resistentes a enfermedades y plagas, para mejorar la producción y minimizar las pérdidas de cosecha, aprovechando ciertas condiciones climáticas y geográficas óptimas de la zona.
El estudio se centró en Los Muermos debido a antecedentes previos que indicaban que las papas cultivadas en esta zona poseían características únicas, lo que las distinguían notablemente de otras variedades cultivadas en distintas regiones del país, incluso del mundo. Estos antecedentes previos sobre las papas de Los Muermos habrían sido un factor determinante para seleccionar esta localidad y realizar el estudio, aprovechando sus cualidades únicas para mejorar la producción agrícola.
Noah Robben, fue designado por la universidad holandesa para liderar el estudio y la colaboración entre la universidad y la comuna sureña, sobre la identificación de mecanismos de resistencia a plagas en papas cultivadas en la zona. El objetivo del proyecto fitopatológico era identificar variedades de papas cultivadas en la zona que presenten mayor resistencia a enfermedades.
El biólogo e investigador holandés estableció contactos efectivos, con las autoridades chilenas a través de los respectivos ministerios de agricultura de ambos países. En Chile, la coordinación fue exitosa con las autoridades del Ministerio, lo que permitió una gestión eficiente y rápida para la ejecución del proyecto de investigación.
INDAP brindó su apoyo y colaboración al investigador, facilitando la coordinación con agricultores locales recomendados por los propios productores de la zona. Esta colaboración permitió identificar los sectores más adecuados para el trabajo de campo y potenció el desarrollo del proyecto, gracias a la valiosa experiencia y conocimiento de los agricultores locales involucrados.
En octubre de ese año, el joven investigador holandés llegó a Los Muermos con un conocimiento básico del idioma y una comprensión inicial de la cultura y costumbres chilenas. Se hospedó en el Hotel Capri de propiedad de la Señora Cheli, ubicado en una de las calles de acceso al pueblo. Gracias a los recursos proporcionados por la universidad holandesa, dispuso de una camioneta y combustible suficiente para desplazarse por la zona. El combustible lo obtenía en la única distribuidora del pueblo, propiedad de la sociedad Ojeda & Mansilla, donde podía elegir entre dos tipos de gasolinas: la bencina corriente o la bencina especial de la época.
El investigador disponía de varios meses para recopilar la mayor cantidad de información posible y desarrollar su investigación en terreno. Posteriormente, debía regresar a su país para analizar los datos obtenidos, procesar la información y concluir su estudio con resultados definitivos, que se publicarían muy probablemente en alguna revista científica.
En su primera semana en la localidad, el investigador holandés inició su jornada diaria temprano en la mañana, dirigiéndose a la oficina del INDAP, donde un funcionario lo esperaba para desplazarse en el vehículo a los lugares indicados, según un programa de trabajo, previamente establecido. De esta manera, el biólogo pudo conocer la zona y los predios locales en todas las direcciones y establecer contactos con los agricultores donde realizarían los ensayos e investigaciones respectivas.
Durante esa primera semana, el funcionario de INDAP, aprovechaba los desplazamientos en el vehículo hacia los predios agrícolas para conversar sobre el trabajo y compartir aspectos típicos de la cultura local con el científico visitante. Entre otras cosas, solía bromear sobre la seguridad en nuestro país, diciendo,
—Espero que no tenga problemas en Chile don Noah Robben, no vaya ser cosa que le roben.
Aunque el científico no siempre entendía completamente el contexto de las bromas, captaba el humor detrás de ellas y respondía con una sonrisa, diciéndole que ya estaba advertido y que tendría especial cuidado con sus pertenencias.
La siguiente semana de trabajo de terreno, según lo programado, el investigador holandés comenzó a realizar marcajes de ensayo y control sobre melgas de papas previamente individualizadas para el estudio. También recolectó muestras de semillas para su análisis preliminar en un laboratorio portátil que tenía a su disposición.
Dado que ya conocía bien los sectores, el profesional continuó su trabajo de manera autónoma, recorriendo los predios sin la compañía del técnico y acercándose a la oficina del INDAP solo cuando necesitaba consultar datos estadísticos o requerir información adicional.
Un día de noviembre de ese año, después de una agotadora jornada laboral, “el rucio” como le apodaron, decidió visitar un bar del pueblo antes de regresar al hotel. Quería conocer y dialogar con otros lugareños para saber más sobre la cultura local. En el bar, fue atendido por una mujer amable que se mostró dispuesta a charlar con él, a pesar de las barreras del idioma. Aunque su español chileno era un tanto champurreado lograban entenderse y compartir historias sobre sus actividades diarias. Esta interacción fue parte de su actividad social complementaria que deseaba desarrollar en la zona.
En ese mismo mes de aquel año, el calendario de programaciones incluía visitar un predio en el sector de Cuesta la Vaca. Sin embargo, debido a las fuertes lluvias que azotaron la zona esa semana, el camino se encontraba en malas condiciones, especialmente el empinado callejón para ingresar al predio y a la chacra donde se ubicaban las melgas de papa objeto de análisis y estudio. La entrada estaba resbalosa y lodosa, lo que hacía imposible avanzar. Ante esta situación decidió cambiar el itinerario y visitar otro predio donde se suponía que el camino de ripio podría estar en mejores condiciones y ser más accesible.
Se dirigió hacia Huautrunes, ingresó por un camino que se presentaba en iguales condiciones, con muchos baches y surcos profundos. Durante el trayecto, se encontró con una maquina motoniveladora que estaba trabajando en la vía rural, por lo que tuvo que detener la camioneta a un costado del camino por un momento, permitiendo que la maquina terminara de perfilar y mejorar la ruta antes de proseguir, al siguiente predio.
Al detenerse, el investigador comenzó a observar el perfil del terreno al costado del camino, donde una pequeña loma había sido recientemente rebajada, por la motoniveladora. Su mirada se detuvo en un detalle inusual que destacaba entre las piedras de la ladera, algo que inmediatamente llamó su atención, suscitó su interés y curiosidad.
El investigador se apeó de la camioneta y se acercó al perfil del terreno lateral del camino. Su mirada escaneó con detenimiento la superficie expuesta de la ladera donde algo se destacaba con un color y formas claramente diferentes. Sacó una pequeña picota que llevaba en su camioneta y comenzó a excavar con cuidado, su corazón latiendo con anticipación. A medida que removía la tierra, su emoción crecía.
De repente, se encontró con un descubrimiento sorprendente: huellas fosilizadas de una planta de papas silvestre. Al analizarlas preliminarmente, notó que los tallos y las hojas estaban claramente definidas, con venas y bordes perfectamente preservados. Incluso se podían apreciar las raíces y pequeñas plántulas emergentes. Parecía tratarse de una de las primeras plantas de patatas de la naturaleza, que había preservado su forma original, mostrando el momento exacto en que la vida de una planta de papa comenzaba a surgir bajo la tierra.
Durante la ejecución de los trabajos en el camino con la motoniveladora, el señor Del Arce que la conducía, cortó la roca de la ladera del cerro con precisión, lo que reveló una sección transversal de la formación geológica que contenía las huellas fosilizadas de papas primitivas. Este hallazgo proporcionó una visión única de la historia evolutiva de esta planta, encontrada fortuitamente por el investigador.
Con sumo cuidado, el investigador tomó la mata de papa petrificada rozando suavemente la superficie delicada con sus dedos y la colocó dentro de una caja que llevaba en la camioneta, asegurándose que estuviera bien protegida.
Luego continuó escarbando con el martillo, picando con cuidado en el terreno, pero a pesar de profundizar varios centímetros no apareció nada más. La tierra y la roca se desmoronaban bajo su herramienta, pero no encontró más restos de plantas petrificadas. El investigador se detuvo pensativo, mirando a su alrededor y se preguntó si el hallazgo era un caso aislado o si había un secreto enterrado en la tierra esperando ser descubierto.
—Es muy probable que esta impresión de papa silvestre se haya preservado en la roca debido a la compactación del terreno de algún antiguo pantano, reflexionaba en voz baja.
—Con el tiempo, el sedimento se compactó y las condiciones subterráneas preservaron la estructura y la forma de la planta quedando fosilizada en una réplica perfecta, como un molde en la roca petrificada.
—Y ahora, después de tanto tiempo llegó como un regalo a mis manos, expresaba en voz baja, con una mezcla de asombro y gratitud.
El hallazgo, aunque aparentemente modesto, representaba un valor excepcional para el investigador ya que podría complementar su estudio que llevaba a cabo en Los Muermos. Una vez que la motoniveladora terminó su trabajo en el camino, el investigador pudo continuar su recorrido hacia el predio en el sector de Huautrunes, donde realizó las mediciones correspondientes.
Después de completar su trabajo era vital volver al pueblo. Llegó directo al hotel, su primera prioridad fue bajar la caja con el hallazgo a su habitación. Luego, aprovechó de cenar y más tarde, visitó el bar que solía frecuentar para conversar un poco con la mujer que atendía el local de expendio de bebidas.
El humo del tabaco, el sonido de música ranchera creaban un ambiente cálido y acogedor en el bar. El investigador se sintió atraído por la atmosfera relajada y pidió una cerveza fría. Mientras la mujer que atendía, se la servía, comenzó a contarle sobre el hallazgo importante que había hecho en Huautrunes. La mujer lo escuchó con interés y le preguntó qué tan importante había sido lo que había encontrado en ese lugar. Noah, el investigador le explicó que había encontrado una planta de patatas silvestre petrificada, muy bien conservada, lo que consideraba un verdadero tesoro y que la mantiene en una caja en el hotel.
El, en su relato agregaba que una vez que concluyera su trabajo en Los Muermos, tendría la oportunidad de determinar la edad exacta del hallazgo en su país de origen cuando se encuentre de regreso en Holanda.
Después de unas cuantas cervezas de más, Noah Robben seguía alardeando de su hallazgo comentando con la mujer del bar que era extremadamente raro encontrar plantas de papas fosilizadas. Le explicaba que hay pocos hallazgos de este tipo y el estimaba que podría tener sobre doce mil años de antigüedad.
—Podría ser la primera papa del planeta, decía con entusiasmo y haber sido encontrada en Huautrunes, es increíble, decía. —Podríamos decir que la primera papa del mundo nació aquí en Los Muermos.
—El origen de las patatas se sabe que es de Sudamérica, le explicaba Noah a la mujer del bar. —Pero nunca pensé que podría tratarse de aquí en Los Muermos.
Él se reía y la mujer se entretenía con la conversa, acompañando al investigador en su entusiasmo, aunque ella no alcanzaba a comprender del todo la relevancia que él le daba al hallazgo.
Los días siguientes transcurrieron sin contratiempos y Noah Robben siguió su rutina de trabajo según lo programado, avanzando en su estudio en los predios de la localidad de Los Muermos, cumpliendo con su plan semanal de manera efectiva.
En enero de 1979, por una de esas coincidencias y casualidades de la vida, un ciudadano extranjero que se encontraba de paso por la zona entró al mismo bar que frecuentaba el investigador holandés para pedir algo para beber en la tarde de un día soleado.
El extranjero saludó y mientras la mujer que atendía el bar le servía una bebida fría, le preguntó a la dama información de las playas o ríos de la zona para conocer, visitar y buscar puntitas de flechas líticas de pueblos ancestrales.
La mujer le mencionó varias playas de la zona, como; Estaquilla, Quenuir, Puerto Godoy, La Pasada, Palihué, Quillahua, Piedra Blanca, también el río Cululil es bonito, explicándole escuetamente sus ubicaciones. Mientras Pieter, como dijo llamarse agradecía la información, quiso saber más sobre otras cosas importantes del pueblo. La mujer, oriunda, nacida y criada en el lugar, le dijo con una sonrisa que —Los Muermos era conocido como la “Capital de la Papa”, por su privilegiada producción de este cultivo. Además, le comentó que se había descubierto que el origen de la primera papa del mundo había sido en Los Muermos, en un terreno en el sector de Huautrunes.
Pieter se mostró intrigado y sorprendido por las palabras de la encargada del bar, le preguntó de donde había obtenido esa información tan novedosa, que nunca antes había escuchado. Ella explicó que —Un investigador de una universidad de Holanda, que se encuentra en el pueblo, descubrió recientemente la primera papa silvestre petrificada de toda la historia del mundo, en el sector de Huautrunes, en Los Muermos.
Esto despertó aún más la curiosidad de Pieter, quien, interesado en saber más sobre el tema, insistió en pedir más información acerca del investigador, para hablar con él. La mujer le dijo —Se llama Noah, lo puede pillar aquí en el local en las tardes suele entrar. El es un cliente del bar, le dijo.
Pieter insistía en querer ubicarlo lo antes posible y la mujer le respondió —Creo que esta hospedado en el hotel Capri.
Pieter, un hombre joven, caracterizado por su abundante cabello canoso, con una sonrisa, recompensó a la mujer que atendía el bar con una propina suculenta. Le expresó su gratitud y mencionó que la información sobre la papa petrificada había sido de gran interés para él. Parecía que había encontrado exactamente lo que buscaba, como anillo al dedo.
No habían transcurrido ni dos días cuando llegó al hotel Capri una mujer que, por su acento y aspecto parecía ser de origen caribeña o centroamericana, según comentaron quienes conversaron con ella en el hotel. Pidió hospedaje por un día y procedió a pagar anticipadamente, explicando que saldría más o menos temprano en la madrugada del día siguiente.
Fue durante la cena en el salón del hotel esa misma tarde cuando ella vio al investigador Noah Robben que cenaba tranquilamente en una de las mesas del salón. Ella buscó la forma de entablar amistad con él rápidamente. El holandés pronto se vio cautivado por la cordialidad, amabilidad y buena presencia física de una mujer que irradiaba una energía positiva y agradable.
Ella supo aprovechar los momentos propicios para acercarse al investigador para establecer una conexión con él, logrando sin duda su objetivo. El holandés se dejó cautivar por su belleza y, especialmente, por su habilidad para conquistar su amistad.
Mientras disfrutaban de unas cervezas, se conocieron e intercambiaron nombres. El habló sobre su trabajo que consistía en desarrollar un estudio sobre el cultivo de las patatas en la localidad de Los Muermos. Ella, por su parte, le contó que era fotógrafa de profesión y que disponía de una semana para buscar las mejores imágenes de la flora y fauna de la comuna para una prestigiosa revista internacional. Mientras charlaban, ella desplegó todo su encanto y el holandés se mostró cada vez más interesado.
La mujer que decía llamarse Clarissa Bermúdez para tener una mayor cercanía con Noah Robben, le enseñó un álbum de fotos que llevaba en su mochila, tomadas en el norte de Chile, lugar que había visitado la semana anterior, según ella le explicaba. Por su parte, él le habló sobre un hallazgo en la zona de una posible planta de papas silvestre petrificada.
Mencionó que todavía tenía mucho trabajo por delante para fechar la edad exacta del fósil, estudio que continuaría más adelante en Holanda. Clarissa se mostró especialmente interesada en el hallazgo y expresó su deseo de fotografiar el fósil vegetal y eventualmente informar a la revista para la cual ella trabajaba. El investigador visiblemente entusiasmado y con unas copas de más, se dejaba llevar por la idea de la fotógrafa y no descartaba esa posibilidad.
La figura atractiva de la mujer de piel canela y el efecto del alcohol en el cuerpo, despertaron en el investigador un deseo impulsivo y hormonal. Le insinuó un mensaje sutil, mencionando que el hallazgo de la papa silvestre para fotografiar estaba en una caja en su habitación del hotel, buscando conocer la reacción de Clarissa. Sin embargo, ella no respondió directamente al mensaje. En su lugar, pareció ignorarlo y solicitó a la encargada del salón del hotel, la señora Vero, un café para beber antes de retirarse.
Terminaron de beber la cerveza y el café respectivamente. Antes de levantarse e irse a sus respectivas habitaciones, Noah, seducido por el perfume y la gracia cautivadora de Clarissa, la llamó para invitarla a fotografiar el hallazgo del fósil, si es que le interesaba. Ella aceptó y fue a buscar un nuevo rollo de fotografías para su cámara marca Zenit. Al llegar a la habitación, el investigador buscó el fósil de la caja y preparó el ambiente para fotografiar.
Antes de terminar la sesión fotográfica, Noah con un gesto de suavidad y delicadeza sublime, tocó con sus dedos, el cabello rizado de Clarissa, quien le correspondió con una sonrisa que parecía suspendida en el tiempo. Disimuladamente para que nadie más percibiera nada, cerró la puerta de la habitación, el deseo desenfrenado los hizo perder los estribos, acabando en una noche de pasión entre el rucio y la de piel canela.
En la madrugada antes de levantarse para salir, ella le dijo a Noah que se quedaría una semana en Los Muermos y en ese momento le pidió seguir durmiendo en su habitación por un rato más, para salir más tarde. Noah acepto la propuesta y antes de despedirse, el pidió que dejara la puerta cerrada con el cerrojo una vez que saliera de la habitación y que él se llevaría consigo las llaves, para verse en la tarde nuevamente, en el hotel.
Noah Robben salió temprano a las seis y media de la madrugada como siempre solía hacerlo. Durante el trayecto a su trabajo, seguía pensado en ella y en la conexión perfecta que habían logrado. Imaginaba la posibilidad de vivir juntos en su tierra natal y seguir adelante con ella en su país.
A eso de las ocho con treinta minutos mientras Noah seguía absorto en sus pensamientos, la señora Vero, encargada de la limpieza y otras funciones del hotel, llegó a su turno. En ese momento, vio a la mujer que se había alojado el día anterior, saliendo del hotel llevando consigo sus pertenecías: una mochila y una maleta grande, que se veía pesada. La mujer se dirigió a una camioneta estacionada frente al hotel, conducida por un hombre joven de cabello canoso, que lo caracterizaba.
La mujer agradeció cordialmente a la señora Vero y se despidió antes de que el vehículo se alejara hacia un destino desconocido. La señora Vero, no notó nada fuera de lo común ni tuvo motivo para sospechar que algo andaba mal, simplemente asumió que todo estaba en orden.
Al regresar al hotel por la tarde y después de cenar Noah se dirigió a su habitación a descansar. Sin embargo, al llegar, notó que la caja donde guardaba el fósil, estaba abierta y vacía: el hallazgo había desaparecido. En ese momento, comprendió que había sido víctima de un engaño monumental, llevado por sus bajos instintos y atracción que sintió hacia la mujer. Era claro que ella había utilizado todo su encanto para ganarse su confianza y finalmente, robarle el tesoro, en un plan sofisticado y muy bien ejecutado. Era evidente que había sido estafado y que la mujer probablemente era una cazadora de fósiles, que lucraba con la venta de estos objetos en el mercado internacional.
Noah se sintió profundamente entristecido y devastado, pero ya era tarde para lamentaciones. Encontrar su tesoro sería imposible, así que optó por guardar silencio y evitar frecuentar el bar. El hallazgo estaba perdido y nada podría cambiar el curso de los acontecimientos, solo terminar su estudio. Evitaba hablar del tema, sabiendo perfectamente que había cometido un error. Las palabras del técnico de INDAP resonaban en su mente. “ojalá no le roben don Noah Robben”. La ironía era amarga: no había sido víctima de un ciudadano muermino sino de una extranjera, lo que agravaba su sensación de malestar y doble traición.
Una vez finalizado el estudio y acercándose el final del último mes de trabajos concluidos, el investigador estaba preparado para regresar a Holanda con una valiosa colección de datos que prometían hacer una contribución importante al desarrollo de variedades de papas resistentes a enfermedades, lo que consolidaría los lazos entre la comunidad científica holandesa y el distrito muermino, con resultados que se darían a conocerán en el futuro.
Antes de partir, el investigador se despidió del personal del hotel, pero especialmente se tomó un momento para ir y despedirse de la encargada del bar que frecuentaba con quien había congeniado durante su estancia. Ella, por su parte agradecía por su preferencia, el buen trato y aprovechó de contarle de un turista, que había estado buscando contactarlo, tiempo atrás, después de enterarse del hallazgo de la papa petrificada y que deseaba conocerlo. La encargada se ofreció ayudar, informando al turista que el investigador frecuentaba el bar y se hospedaba en un hotel del pueblo.
Fue entonces cuando Noah pudo atar cabos y darse cuenta del plan maquiavélico que había sido orquestado por el turista y la mujer de piel canela, gracias a la información proporcionada por la encargada del bar. El investigador no percibió ninguna mala intensión en sus palabras ni en la actitud de la encargada del bar, solo una genuina voluntad de colaborar y enfatizar la importancia del hallazgo que había encontrado el investigador holandés. Mientras tanto, el turista, este sí albergaba las más malas y repudiables intenciones.
En el momento de la despedida la encargada del bar le deseó éxito a Noah, en sus proyectos en Holanda y le manifestó su deseo de que Los Muermos, con el descubrimiento de la planta de papas petrificada, se convirtiera ahora en la capital mundial de la papa, ya que fue allí donde se encontró la primera papa petrificada del mundo, en Huautrunes.
Lo que la mujer desconocía era el desenlace que había tenido la historia de la papa petrificada, un secreto que solo compartían los que estuvieron directamente involucrados. En su último adiós el investigador se limitó a responder con un lacónico: —Los resultados del estudio van ser muy buenos.
En la primavera de 1978, un investigador llegó a Los Muermos con el objetivo de realizar una investigación. Un día las condiciones climáticas adversas lo obligaron a cambiar su ruta y en la ladera de un camino rural, descubrió una planta de papas petrificada de gran importancia. Sin embargo, fue víctima de un engaño que lo llevó a perder el valioso hallazgo. Ahora, su paradero es un misterio y es posible que se encuentre en manos de un coleccionista privado de fósiles en algún rincón del planeta tierra.
Durante años, la narrativa permaneció oculta, excepto para la mujer del bar, que conocía fragmentos de la historia y que era amiga de la señora Vero, quien había recogido pistas o detalles clave en el hotel. El hombre de cabello canoso emergió como el vínculo que conectaba sus historias de manera inesperada. Sin embargo, fue solo después de una investigación detallada que se reveló la verdad detrás del hallazgo de la planta de papas petrificada encontrada en Huautrunes y su misterioso final, tal como se cuenta en las Crónicas Muerminas (M.R)@